De loterías y otras historias

​Bienvenido 2017

Comienza un nuevo año con la habitual resaca que sufrirán la mayor parte de los mortales que se acogen al calendario Gregoriano. Auguris y felicidades de aquí para allá, como si haber pasado una hoja del calendario, o mejor dicho, haber cambiado el calendario, produjera algún efecto mágico en el personal.
De loterías y otras Loterías

No sé si este año los de las televisiones lo han vuelto a hacer (hace tiempo que no la veo). Era un clásico que antes o después del sorteo navideño de la lotería, la realización de un reportaje sobre cómo les ha ido la vida a los agraciados del año anterior. Recuerdo que en una ocasión unos intrépidos reporteros se metieron de lleno en un pueblo, creo que de Extremadura, en el que sus vecinos se habían repartido más que un pellizco de euros. Se plantaron ante una tremenda casa que por los materiales aparentaba tener menos de un año. El dueño era el carnicero del pueblo… hasta que le tocó la lotería. Su sueño era no trabajar, tener una gran casa, fardar de coche, y viajar, algo que no había podido hacer durante su vida. Cuando le terminaron de construir la casa encargada a su gusto y capricho, su mujer se obcecó en poner unas cortinas de color pistacho en la sala de estar, y unas almohadas bordadas en unos sillones de cuero importandos de no sé dónde, además de comprarse un Mercedes que por algo se llamaba así. Lo de los sillones pase, dijo el marido, pero lo de las cortinas color pistacho y el Mercedes rosa, pues que no. Y ellos que habían sido muy de trabajar y entenderse juntos a la hora de hacer los chorizos y adobar las costillas de cerdo, o de hacer los repartos en los restaurantes del pueblo, pues que tampoco…Y antes de hacer la fiesta de inauguración de la casa, tuvieron que llamar de nuevo a los albañiles para que hicieran unos nuevos tabique con los que dividir la casa en dos, con sus puertas independientes y todo eso. Que ustedes ya me entienden.

La entrevista a estos nuevos ricos no la pudieron hacer, ni siquiera pudieron verlos, entre otras cosas por la verja que plantaron en su propiedad con el fin de evitar que los vieran fracasados en su proyecto vital más importante, su familia.

Y sigo con lo de las loterías. Cuántos desgraciados que me miran mal después de preguntarme cómo me encuentro y soltarles la verdad: “De maravilla”. Tras esta rotunda respuesta me vuelven a preguntar por la razón de mi buen estado de ánimo, intentando descubrir si me ha tocado la lotería o algo así. Pues no, ni la Lotería Nacional, ni la de los Ciegos, ni la Loto o como se llame, ni nada relacionado con el azar me ha tocado, y seguro que no me tocará, a no ser la participación que compra mi madre para toda la familia, y esa no creo que llegue para mucho. O la de mi cuñado Carlos, que siempre intenta que descubramos el número de la participación que nos reparte a los familiares y amigos, el cual está oculto en un acertijo en el que se mezclan las matemáticas, la historia, la geografía, y últimamente los juegos de sus nietos. Este año creo que yo he sido el único en descubrirlo por mi ocurrencia de buscar en Google dos palabras: “airport” y Lego (en España no se ha debido vender este juego, por lo que era preciso buscar en otras lenguas).

Aunque pensándolo bien la Lotería sí que me ha tocado, o las Loterías (en mayúscula), y creo que siempre ha sido el premio Gordo, pero de esto escribiré en otra ocasión.

Moraleja: el dinero no da la felicidad y menos la lotería.
La tía Julia

Mi tía Julia fue casi como mi abuela materna. Se quedó muy pronto viuda y no tuvo hijos. Cuidó de mi madre y casi siempre ha estado con mi familia. Muchas tardes, mientras hacía los paseos prescritos por su médico, le daba por cantar tonadillas. Una de ellas era: “Tres cosas hay en la vida, salud dinero y amor, y el que tenga las tres cosas, que le dé gracias a Dios”. No sé si esto era el estribillo, o la canción entera, sea como fuere siempre he pensado que estaba equivocada, y ella misma lo sabía, pues aun sin tener más que una humilde pensión, la salud maltrecha por no sé qué cosas del estómago, y su marido que se le murió antes de lo debido, gozaba de una alegría que transmitía a través de su mirada clara y limpia, y de su palabra calmada y tenue. Amor no le faltó, al menos mi madre y mis hermanos nos encargamos de quererla de verdad, con afecto, respeto y admiración. Cuando murió, mi madre me comentó que la echaba mucho de menos, pues se hacían compañía mutuamente, y sobre todo se transmitían el mucho amor que se tenían.

Descubro este video: Tres Cosas Hay en la Vida https://g.co/kgs/TMcnpd 
De pobres a ricos se va bien

Me quedé con el refrán entrecortado, de esos dos abuelicos de un pueblo de Soria: “De lo malo a lo bueno se va bien, pero de lo bueno a lo malo…” Querían explicar que una persona de origen humilde es dichoso cuando con su trabajo y esfuerzo prospera y llega a un cierto nivel de bienestar. Pero el que siempre ha vivido en la abundancia le resulta traumático tener que desprenderse de su nivel de vida para intentar acomodarse en la escasez y la pobreza.

Fotografia de Pierre Gonnord

2017

Estrenamos año, y yo me encuentro delante de un viejo ordenador escribiendo frases que me van surgiendo, y que luego voy uniendo con otras a modo de edredón mediante la técnica del “patchwork”. Quedan 365 días. Hay que ser realistas y afirmar con rotundidad que no sé si éste será el último de mi vida, o tal vez el antepenúltimo. Sea como fuere me hago a la idea de que el equipaje ya lo tengo hecho, sin mucha necesidad de dar trabajo a los que recogerán mis pertenencias y que se centran en cuatro libros, una ampliadora fotográfica y un equipo muy limitado de fotografía, además de un ordenador patata y una bici para ir al trabajo. Ah, y un coche que necesita algún remiendo en la chapa.

Pero fuera de bromas, aunque esto no sea una broma, vivir en el espacio y en el tiempo tiene sus problemas, también sus beneficios, y por eso es de necios olvidar que estamos de paso. Mi madre me decía que no nos van a guardar de sementera, como se hace con las patatas, que siempre se dejan unas selectas para ser simiente de la siguiente cosecha.

Juan de Flandes, Crucifixión (detalle), M Prado.

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