Oteiza, el poeta de la escultura


Hace un tiempo que me he adentrado con más intensidad en el ámbito de los museos y del arte. Ésto me ha facilitado descubrir y conocer mejor la obra de Jorge Oteiza, su trabajo artístico, la riqueza de su personalidad, de su vida, de su carácter. Pero no sólo su obra escultórica, también su poesía, sus proyectos arquitectónicos, y su literatura sobre arte y política.

Hablar de Oteiza es sin duda hablar del museo que alberga buena parte de su obra, de su biblioteca, de sus bocetos y trabajos. Es ciertamente un privilegio vivir en Pamplona y poder acudir con frecuencia al Museo Oteiza ubicado en Alzuza, a unos pocos kilómetros de Pamplona.

Pero mencionar a Jorge Oteiza es también acercarse al frontal de Arantzazu, en el que la idea del apostolado adquiere un valor interpretativo novedoso, mediante el cual se rompe una tradición encasillada en el academicismo, en una búsqueda novedosa de la composición artística y la transmisión de unos valores y sentimientos personales.

A Oteiza hay que saborearlo con respeto, sin prisa, descubriendo los matices de su creación, pero sobre todo viendo detrás de sus trabajos un poeta con ojos de niño.

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