4500 años

Hace unos meses asistí a una conferencia en la que el ponente explicaba que en este mundo todo tiene su fecha de caducidad, no sólo los yogures y la leche. A los hombres se nos va haciendo viejo el corazón y deja de funcionar, a las máquinas día a día sufren desgastes que las convierten en inservibles o tal vez obsoletas… El conferenciante explicaba que también el sistema solar tiene su fecha de caducidad, la cual estará protagonizada por la falta de nitrógeno y no se qué más del planeta Sol. Cuando éste magnífico planeta deje de “funcionar”, el sistema Solar dejará de tener vida en su planeta mimado que es la Tierra. 

La conclusión es que en el año 6500 de nuestra era todo se acabará. Los buenos, los malos, los feos y los guapos. Pero no sólo el género humano, también su historia, sus culturas y civilizaciones, sus costumbres y logros, su ingenería… Alguna vez he pensado qué pasará con la Gioconda, el Cristo de Velázquez, o con mi señor el Marqués de San Adrián pintado por Goya, o qué será de la torre Eiffel y del Museo Británico, por no mencionar a la joya de las pinacotecas que es la del Prado. Todo, absolutamente todo, desaparecerá.

Se lo comenté a un buen amigo y me dijo que le parecía un poco exagerado eso de la extinción del Sol a los 4.500 años. Quise salir de la duda y busqué información sobre el particular, descubriendo que no tiene nada que ver con los 4.500 años que nos llevarían al 6516. Se trataba de 4.500 millones de años, es decir, que hasta el 4.500.002.016 en el planeta Tierra podrá existir vida, y eso sólo aproximadamente, pues son algunos los que dicen que el nitrógeno aguantará hasta el 5.000.002.016. Por supuesto todo es aproximado, así que nadie espere sentado.

Sea como fuere ni usted que me lee, ni yo que le escribo, podremos ver el fin del Sol, y por ende de nuestro Sistema Solar. Aunque sí es posible que en cualquier momento nos caiga un meteorito tremendo, y deje este planeta patas arriba. O tal vez algunos locos se dediquen a hacer una tercera guerra mundial, y las bombas atómicas salgan de donde las tengas escondidas y barran todo vestigio de vida en el planeta Tierra. Por fin ya no se hablará del lince como especie protegida, ni de los osos panda reproducidos en cautividad.

No sé qué pasará de aquí a unos años, pero de lo que estoy seguro es de que dentro de 50 ó 60 mis huesos estarán hechos polvo. Es posible que hasta el viento se los halla llevado donde mejor le plazca. Ni mis huesos, ni mi trabajo, ni mi memoria tendrán importancia entonces, del mismo modo que ahora. Que exista o no exista será algo irrelevante para la mayor parte de los humanos del planeta. Sin embargo nos queda considerar algo que sin duda es importante, y es que estamos en la mente de Dios creador, pero no sólo creador, también Padre, un Ser que nos ama con locura, y que nos acurruca entre sus manos gigantestas, y nos aprieta en su pecho dandonos su calor y amor. Y ésto no sólo es un consuelo, es ante todo la necesidad de sentirse querido y añorado por el que sé que me ha creado.

Termino escribiendo como corresponde a un hijo agradecido: !Gracias!

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