​Patria, una historia de terror y esperanza


“Patria” se ha convertido en una de las novelas más vendidas en España de la actualidad. Sus 12 ediciones, con más de 120.000 ejemplares, demuestran que se trata de un éxito y de un fenómeno no esperado ni siquiera por la editorial, ni mucho menos por su autor, el veterano escritor vasco Fernando Aramburu. 

Para algunas personas se trata de un relato conocido y sufrido durante una época en la que ETA era especialmente beligerante. Sin embargo, el cariz que da su autor, enlazando historias familiares, personales, y sociales, la hacen novedosa en cuanto al modo de narrar la historia. Cierto que para algunos puede resultar contradictorio, dicen que una novela no puede reflejar la totalidad del dolor que ha causado ETA al pueblo Vasco, a Navarra y a España entera, y en parte tienen razón.

Sus 125 capítulos no nos quieren mostrar sólo el relato de dos familias que sufren el terrorismo desde sus posturas antagónicas, más bien nos narran miles de otras tantas historias de la vida de quienes han llorado en silencio y a escondidas, teniendo que tragarse sus propias lágrimas.  Historias que han estado señaladas y marcadas por la herida de los que optaron por la violencia y la extorsión, y por ende por los que eligieron el terror, las armas y el sufrimiento como medio para intentar conseguir sus objetivos, que no eran otros que una quimera, una ilusión romántica basada en unos ideales que se intentan lograr con métodos que no son más que una copia de zafio fascismo, o chabacana mafia disfrazada de la exaltación del nacionalismo y el separatismo marxista.

A través de sus protagonistas se muestra el sufrimiento de un pueblo que ha sido torturado con el plomo y la bomba, pero también mediante el rechazo social, la indiferencia, el desprecio y la presión psicológica. Señalar la víctima era sencillo, unas pintadas en el barrio o en el pueblo eran suficientes para que toda una maquinaria social comenzara a funcionar. Desde ese momento la amistad forjada desde la infancia deja de existir, para llegar al silencio que ignora, al desprecio que insulta, y a la justificación de las amenazas con el cruel “algo habrá hecho”, esperando que otros, cuando menos se espera, hagan su trabajo amparados y guiados por la información facilitada por sus propios vecinos e incluso amigos.

Pero no se muestra exclusivamente el dolor de las victimas. Ponerse en la piel del otro, visitar las chácenas y los fosos del escenario es también de interés para entender la sinrazón del terrorismo, de esta etapa de la historia que ojalá nunca hubiera llegado a escribirse. Con una descripción de los personajes realizada con gran virtuosismo literario, Aramburu nos muestra las contradicciones de los personajes, sus dudas, la ruptura con las creencias más íntimas, sus muros infranqueables, y sobre todo las heridas que producen las luchas interiores y la reflexión de sus valores prostituidos y engañados. 

La impresión que me ha dejado este libro ha sido agridulce. He descubierto entre líneas detalles que no pueden mostrarnos los telediarios, ni las páginas de los periódicos, ni tan siquiera el relato parcial de los que han sufrido directamente tanto odio. Además del intento de enfrentarse con gallardía a las amenazas, defendiendo la familia y lo que le es propio, el seguir con las heridas abiertas aun cuando han pasado los años y se descubre que ya nada será igual después del atentado que ha sembrado la muerte, y cuyos frutos seguirán siendo la muerte. Circulo vicioso que no se sabe cuándo terminará y a cuántos afectará. Por desgracia el terrorismo no sólo mata a los que reciben la bala, el terrorismo es como una bomba atómica, o una central nuclear averiada, cuyos efectos nocivos pueden durar décadas.

Recuerdo pensadores y escritores que han sufrido situaciones parecidas, por ejemplo Emanuel Ringelblum, Victor Klemperer, o Viktor Frankl. Sus relatos nos muestran circunstancias y momentos difíciles, y sin embargo entre sus líneas se puede descubrir el contraste del hombre que puede llegar a lo más ruin y despreciable, y también a lo más noble y sacrificado. El hombre es el único ser vivo capaz de torturar con saña, y a la vez morir con la dignidad y el perdón que sólo las almas nobles pueden otorgar. El héroe frente a su torturador. El mártir frente a su verdugo. Frank lo resumía diciendo que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino.

Un libro que considero indispensable para entender una de las etapas más amargas de la historia de España, y que ayudará a conocer, aunque sea parcialmente, el dolor y sacrificio de las víctimas y el sinsentido del terrorismo.

Juan Cañada

Febrero, 2017

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